
Siempre supe que mi perra bulldog, Susi, tenía ascendencia inglesa, y que seguramente debría tener algunas preferencias y gustos propios de su raza y su genealogía. Sus padres se llamaban Manixx de apellido, y no recuerdo bien sus nombres, pero eran muy british al igual que su raza. Entonces esta semana hice algunos cambios en su cuarto/lavadero para que sienta con mayor ainco ese lugar como su territorio de pertenencia. Forré su cuna -o canasto con colchón- de color verde inglés, colgué dos cuadros con jaurías arriba de su cuna -para que se sienta acompañada por "hermanos"- y empapelé el cuarto de escocés (azul y verde). En un rincón coloqué un sillón capitoné de cuero marrón (ver foto), una lámpara de pie y un posillo, a modo de tetera, para que tome su merienda tranquila y con estilo.
La señora que limpia en casa se sorprendió frente a semejante cambio y tuve que explicarle:
- Pasa que la sociedad y la sinstituciones educativas siempre me influenciaron para que fuera razonable, pero de una manera en la que pone trabas a la agudeza y la creatividad (por eso tardé tanto en decorarle el cuarto a Susi), temí que me trataran de loca.
María me miraba sin decir nada, concentrada en mi discurso, entonces yo seguí:
- Esta tendencia a ser tan racionales nos hace ignorar algunos detalles que viven en nuestro metro cuadrado móvil, y Susi vive todo el tiempo en mi metro cuadrado móvil y no había percibido estas necesidades que tenía, María.
- Claro señorita- asintió María.
- Yo sentía que mi instinto me decía que había algo más, que tenía que darle algo más. Y mi instinto acostumbra a estar en lo cierto, al igual que el instinto de la mayoría en general. Por eso, mire, mírela... ¿La ve? Está feliz. Volvió a respirar su cultura.
Porque todos sabemos que es feo que te desculturalicen o te colonicen.
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