Siempre en estas fechas uno se pone nostálgico y empieza a hacer balances, a mirar para atrás pensando en lo rápido que se fue el año y en como, casi sin darnos cuenta, nos estamos dando el abrazo de año nuevo. El problema es que con tanto balance uno empieza maquinar y a listar en recuerdos los momentos en los que hizo bien, y las mortificaciones de lo que uno hizo mal empiezan a pesar.
Lo que hay es suficiente pero no tanto como para cubrir lo que falta. Las expectativas, que siempre caminan un paso adelante, tienen doble filo. Y vienen las comparaciones entre el año que termina y todos los anteriores que han pasado. Algunos se toman muy a pecho esa gloriosa frase de “todo tiempo pasado fue mejor” hasta el punto de amargarse porque las cosas han cambiado para luego volver a amargarse el año siguiente porque el pasado fue mejor y así… Pero con eso no se puede hacer mucho, el inconformismo es propio de los humanos y nos hace olvidar de lo bueno para mirar siempre eso que nos falta o que nos molesta. Dentro de todo, las cosas siguen igual, a pesar de todo ese torbellino de recuerdos, aciertos y arrepentimientos, todo se mantiene exactamente igual porque claramente el mundo y las cosas no va a cambiar de un 31 a un 1ro.
Qué importa si el año es par, impar o bisiesto, qué importa si es el año del mono, del chancho, del fernet o del caracú del amazonas, todo pasa por otro lado. No por las promesas que deberían cumplirse a raja tabla o los vuelcos de 180 grados en dos días.
“For everything you have missed, you have gained something else, so SMILE"
Cheers